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El neoliberalismo es un modelo económico que regenera y se enmarca dentro de las doctrinas del liberalismo económico y, por tanto, dentro del sistema capitalista.

Por decir alguna de sus características, está la liberación del mercado, fomentando el libre comercio; o una de sus fundamentales que es la privatización. Esta consiste en la disminución de la intervención del estado en el control del mercado, o en gastos públicos en infraestructuras, salud o educación y aquí es donde entramos nosotros.

La globalización neoliberal se caracteriza por la expansión territorial y sectorial del capitalismo, y en este sentido entró  en el sistema educativo hace mucho tiempo. Pasamos de la idea de educación como derecho básico de toda la ciudadanía, a la idea de educación al servicio de la economía, produciendo capital humano, por medio de la inversión personal y colectiva, que deber ser, por lo tanto, rentable en términos económicos.8723620440_3f8f9c93b8

De este modo la educación pierde el sentido formativo para tener uno grotescamente lucrativo.

¿Cómo se lleva esto a cabo? Pues impartiendo un modelo educativo tecnocrático: entrenando mano de obra hábil pero acrítica, jerarquizando los campos tecnológicos en detrimento del humanístico, ético y social. Restringiendo poco a poco asignaturas como latín, historia o filosofía o menospreciando bloques como el de arte.

Se nos utiliza como medio y no como fin. Entones, se considera a la educación en cuanto a mercancía y medio de producción como una fábrica de recursos humanos.

Siendo la educación una mercancía, es también una inversión. Y aquí podemos incluir las privatizaciones (que son la transferencia de gestión a agentes privados, ya sean empresarios, instituciones religiosas u organizaciones no gubernamentales). Pueden darse de modo directo, fomentando y promoviendo las escuelas privadas o concertadas, como ha hecho Rajoy recientemente; o de modo indirecto, poniendo una prueba final en la que los alumnos deben obtener unos resultados para conseguir el título. Muchos de estos alumnos no están capacitados para obtener dichos resultados con lo aprendido en clase y en casa, y por ello necesitan clases externas (academias, clases particulares), que solo se pueden permitir pagar los alumnos de familias con rentas más altas, dejando en clara desventaja a los de familias menos favorecidas.

También se aumentan los recortes en educación: ya sea quitando las calefacciones; disminuyendo el número de fotocopias; aumentando el número de alumnos por clase, hasta 35, lo cual es una locura, y así disminuyendo al número de docentes a los que pagar; o aumentado el retraso en las sustituciones, ahorrándose así 10/15 días de paga para el interino.

Además, desde pequeños se nos inculca una moral pragmática, fomentando la competitividad, la ganancia y el máximo beneficio individual, en contra de nuestra naturaleza humana.

Por todo esto (y muchas más razones que no nombro por no extenderme demasiado), es lógico que nos opongamos a reformas y sistemas educativos como los que se nos están imponiendo, que además se llaman centros de enseñanza y no de aprendizaje, puesto que nuestra participación es meramente presencial y nuestra calificación memorística. A la élite económica no le interesa que cada individuo tenga libertad en su proceso de aprendizaje, puesto que como ya he dicho antes, se trata de formar mano de obra hábil pero acrítica y, además, barata.

Diego Vicente Sánchez, miembro de la Coordinadora Estudiantil de Badajoz.

 

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